Los oficios del castillo: manos que daban vida a la fortaleza
Cuando pensamos en un castillo medieval, es fácil imaginar sus murallas, torres, soldados y grandes acontecimientos históricos. Sin embargo, detrás de esas piedras existía también una intensa vida cotidiana.
Una fortaleza como el Castillo de Iznájar necesitaba muchas manos para funcionar. Mientras unos vigilaban y defendían sus accesos, otros trabajaban la madera y el hierro, preparaban alimentos, cuidaban animales, reparaban armas, elaboraban tejidos o se ocupaban de mantener en buen estado los diferentes espacios del recinto.
Artesanos, campesinos, comerciantes y otros trabajadores formaban parte de un mundo en el que buena parte de los objetos necesarios para la vida diaria debían elaborarse, repararse o conseguirse en el propio territorio.
Acercarnos a estos antiguos oficios nos permite descubrir una Edad Media diferente: no solo la de las conquistas y las batallas, sino también la de las personas anónimas que, con su conocimiento y sus manos, hicieron posible la vida cotidiana.
En esta entrada viajamos hasta aquella época para conocer algunos de esos oficios y descubrir quiénes podían trabajar dentro y alrededor de una fortaleza como la de Iznájar, qué herramientas utilizaban y por qué su labor era imprescindible.
Alquimista Experimentaba con sustancias para transformarlas.
Bodeguero Elaboraba y conservaba vino.
Bolillera Elaboraba encajes con hilos y bolillos.
Cabrero Cuidaba y pastoreaba cabras.
Calafate Sellaba y reparaba barcos.
Carpintero Trabajaba la madera.
Curtidor Preparaba y trataba las pieles.
Hilandera Convertía fibras en hilo.
Impresor Imprimía libros y otros textos.
Maestro Enseñaba conocimientos y habilidades.
Organista Tocaba el órgano en iglesias y ceremonias.
Pescador Capturaba peces para alimento y comercio.
Pintor Pintaba y decoraba distintas superficies.
Segador Cortaba y recogía los cereales.
Tonelero Fabricaba y reparaba toneles.
